AVISO IMPORTANTE

Las informaciones contenidas en este blog pueden desentrañar importantes aspectos del argumento, incluso del final de la película o novela en cuestión.
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lunes, 18 de julio de 2011

Código Fuente

“Los ocho minutos de la marmota o cómo aprovechar a Johnny, el que cogió su fusil, para hacer viajes en el tiempo ¡uy! ¡perdón! en la memoria”.

¡Ayyyyyy! que ya he contado la película, lo siento :(

Bueno, en mi desagravio he de decir que primero espero que hayas leído el AVISO del principio de la página. Segundo que la similitud con Atrapado en el tiempo (El Día de la Marmota) es tan evidente que salta a la vista desde el principio. Y tercero que "Johnny cogió su fusil" probablemente no la hayas visto, así que recuperemos la tranquilidad.

Si no has visto Código Fuente no sigas leyendo porque se supone que el argumento te tiene que sorprender y si todavía no lo he hecho, no querría fastidiar esa sensación.

La verdad es que últimamente las mejores películas de ciencia ficción que he visto han sido en series de televisión, así que encontrar una en el cine que valga la pena ha sido una agradable sorpresa.

Ya sabes que me gustan las historias que plantean argumentos con base científica por lo que ésta me ha llamado bastante la atención.

La historia está dirigida por Duncan Jones, que ya nos impactó en Moon. Nos plantea la posibilidad de que la conciencia de alguien, en este caso la del capitán Colter Stevens (Jake Gyllenhaal)pueda traspasarse a la de una persona recientemente muerta. Para ello se basan en dos hechos básicos:

- El cerebro maneja una especie de "memoria RAM" (memoria a corto plazo) que le sirve para administrar todos los datos pertinentes en el presente inmediato del individuo.

- Cuando muere el cerebro tarda un tiempo en apagarse.

Ambos hechos permiten crear un dispositivo "cuántico" (cosa que queda fenomenal y como nadie sabe de lo que se trata no le puedes poner pegas) mediante el cual el "viajero" toma el control de los recuerdos de los últimos ocho minutos de la persona muerta, pero no sólo los puede revivir, sino que se puede "mover" por ellos para sacar datos de los que incluso no se percató la persona que vivió el suceso. Todo esto puede servir para averiguar quién puso una bomba en un tren y esa es precisamente la misión del capitán Stevens.



Hasta ahí la cosa va bien, pero como en los primeros minutos que se reviven pocas cosas en claro puedes sacar, hay que repetir el proceso varias veces, de tal manera que el "viajero cuántico" adquiere tanta pericia para manejar su nueva realidad como Phil Connors (Bill Murray) en Atrapado en el tiempo (El día de la marmota).



Esto origina bastantes situaciones cómicas, podían ser más, pero ocho minutos no dan para tanto. De hecho el guiño a la "marmota" está muy bien conseguido, aunque a mi juicio la película que mejor lo logra es el sexto episodio de la cuarta temporada de Stargate SG1 (Una ventana a la oportunidad). Allí O'Neill y Teal'c viven situaciones muy graciosas y completamente distintas a las habituales de sus personajes. A base de repetir puedes ir mejorando los errores, sobre todo cuando sabes lo que pasará a continuación. Puedes ver un fragmento (en inglés) de dicho capítulo pulsando en este enlace.

La pega de Código Fuente es que pretenden que pasemos por alto el hecho de que lo que se revive una vez tras otra son los recuerdos de la persona, no es una realidad diferente. Si esa persona no se ha movido del vagón no puede saber de ninguna manera qué hay o quién está en el otro. Si no lo ha visto no lo recordará, por muy cuántico que sea el proceso y si queremos buscar en sitios que el sujeto no ha visto, ya no estaremos explorando sus recuerdos, sino quizás sus sueños. Para el cine en muchas ocasiones puede ser lo mismo y lo trata igual que un mundo virtual en el que los protagonistas se mueven en una realidad paralela, pero tenemos que reconocer que aquí no es lo mismo.

¿Y qué tiene que ver Johnny cogió su fusil en todo esto?. Pues la película de Dalton Trumbo nos cuenta la historia de un soldado que herido en la Primera Guerra Mundial. No tiene rostro, ni brazos ni piernas. Su cerebro, muy dañado, sólo le permite mantener en funcionamiento sus órganos vitales, pero no puede pensar, ni sentir. Por lo menos eso creen los médicos.

Lo mantienen con vida como objeto de estudio, pero la enfermera que lo cuida se da cuenta que que Johnny tiene una vida interior, necesidades y ganas de comunicarse, aunque todo ello va en contra de lo que se tiene planeado para él.



De idéntica manera (te advertí que no siguieses leyendo si no habías visto la película) al final descubrimos que el capitán Stevens murió en una misión en Afganistán. Su cuerpo está destrozado, pero le mantienen con "vida" para utilizarlo en este tipo de misiones.

La capitán Goodwin (Vera Farmiga) es la que dirige sus "viajes" y es la que tiene que tomar la decisión de dejarlo morir en paz, como él quiere o mantenerlo para utilizarlo en futuras misiones. Difícil y breve papel que no deja apreciar sus cualidades de actriz. Si quieres hacerlo te recomiendo que veas "Up in the air".

En definitiva, una interesante y recomendable película de Duncan Jones, habrá que estar atentos para ver con qué nos sorprende la próxima vez.

Saludos,




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miércoles, 17 de noviembre de 2010

Origen - Inception

Mezclando lo real, lo onírico y lo virtual

Había oído muchas cosas de Origen, casi todas buenas. Eso es peligroso. Te crea unas expectativas que a veces no se cumplen. Ya sabes que a la hora de ver una película procuro descartar los comentarios previos, pero eso me resultó complicado en esta película.

La acabo de ver y el caso es que me gustó. Mucho. Eso no es algo que diga con frecuencia y la verdad es que tampoco es que la película sea para tirar cohetes, pero para alguien que como a mí le interesa la psicología, la ciencia ficción y los mundos virtuales, es muy, muy entretenida y constantemente te va dejando cosas que pensar.

Creo que es por eso que se ha escrito tanto sobre ella. A la gente que le gusta encontrar misterios donde no los hay y resolverlos, Origen les encanta. Bueno, ahora creo que me he pasado. Misterios sí que tiene la película y también se juega con la simbología, pero todo se va resolviendo a medida que transcurre la cinta, por lo menos si eres buen observador y estás atento a los detalles.



Y atento hay que estar, porque la historia se desarrolla en cuatro niveles y si te despistas te quedas más perdido que los protagonistas en su propio subconsciente. Afortunadamente Christopher Nolan, el director y autor del guión, es experto en ese tipo de desarrollos y ha hecho una película muy comprensible, en la que ha cuidado todos los detalles con esmero.

En la narración me recuerda mucho a otras dos suyas, quizás no tan populares como las de Batman (Batman begins y El caballero oscuro). Me refiero a El Truco Final. El Prestigio, en la que nos demostró su gusto por la magia y las explicaciones espectaculares. Y a mi preferida, que indudablemente es Memento. Una película en la que Nolan nos hace experimentar la amnesia que padece el protagonista. A mi juicio una de las mejores películas para hablar de psicología y cine, un guión difícil de desarrollar y de comprender… si no estas atento.

Por cierto que si no has visto Origen no sigas leyendo. Quiero comentar algunos aspectos de la película que te serán más interesantes después de que tú hayas sacado tus propias conclusiones.

Dicen que Nolan sacó la idea de Origen viendo Los Simpsons y como prueba se adjunta la imagen de abajo. Evidentemente es broma ya que la desbordante imaginación de Homer no da para tanto.



A mí la historia me recuerda mucho, pero mucho, a Nivel 13, dirigida en 1999 por Josef Rusnak y basada en la novela Simulacron 3, de Daniel Francis Galouye. En ella unos científicos crean un mundo virtual, al que se accede conectando al sujeto a una máquina, pero con la particularidad de que los habitantes de ese mundo virtual han sido capaces de crear ellos mismos otros mundos virtuales. Virtualidad dentro de la virtualidad, hasta que no se sabe cuál es la realidad ¿te suena?.



Otro antecedente cinematográfico podría ser más antiguo incluso, me refiero a Dark City, dirigida en 1998 por Alex Proyas, con guión del propio director. Aquí son unos curiosos extraterrestres los que modelan a su antojo la realidad mientras la gente duerme.



Aunque como antecedentes tampoco podemos dejar de lado Olvídate de mí, Matrix, Gamer o incluso Los sustitutos.

Pero la peculiaridad de Origen es que nos plantea una historia de ciencia ficción cercana, situada en el atrayente mundo de los sueños. Todos soñamos, todos hemos tenido experiencias paradójicas en los sueños así que, a diferencia de otras películas de ciencia ficción, todos tenemos vivencias propias que nos vienen a la mente cuando vemos esta película.

¿Nunca te has preguntado de donde sacamos a la gente que vemos en nuestros sueños?. A veces es gente conocida, pero otras veces son personajes anónimos que sin embargo tienen rostro y personalidad definidas, lo que en la película eran las “proyecciones” ¿de dónde las sacamos?.

Otra. Cuando era pequeño a veces soñaba que caía y me despertaba una sensación muy real de haber golpeado la cama. Dado que no había caído de ningún sitio ¿Cómo era posible que hubiese sentido un golpe?.

Y la última. Cuando un sonido me despierta el sueño en principio lo incorpora, haciéndolo parte de su argumento para no tener que despertar. Pero a veces ese argumento es muy elaborado, como si supiese de antemano que ese sonido se iba a producir ¿cómo iba a saberlo yo?.

Bien, estas y otras muchas cosas me venían a la mente mientras veía la película y estoy seguro de que a ti te pasaba algo similar, que hacía que sintieses la historia como algo más cercano, ese es sin dudar el mérito y el éxito de Nolan. Hacernos familiar una historia fantástica, igual que nos hizo sentir amnésicos en Memento.



Un recurso curioso es el del “tótem”. Ese pequeño truco que sirve a los protagonistas para saber si están en la realidad o en un sueño. Está muy bien pensado y si los chicos de Matrix o Nivel 13 hubiesen tenido el suyo quizás no habrían tenido tantos problemas.

El símbolo de la peonza es muy atractivo y el hecho de que en los sueños de Mal girase y girase sin caerse es tremendamente gráfico. Imagina el susto que se llevaría cuando abriese la caja fuerte en la que la había guardado con tanto recelo y la viese girando indefinidamente. Esa semilla, ese “origen” que Cobb sembró de esa manera en su mente es en realidad el transfondo de toda la película.

Lo fastidiado del tema es que para salir de un sueño el sistema más rápido que tienen es morirse. Si te matan te despiertas y si no te mata nadie te suicidas y ya está. Así que la consecuencia de la idea que sembró Cobb es que Mal se suicidase y que la muchacha aprendiese en carne propia que la solución para salir de un sueño era esa. Aspecto que como ya sabes acarreó fatales consecuencias.



De tanto viajar de un sueño a otro la chica se hace un lío entre lo que es real y lo que es soñado. Al final resulta que le gusta más el sueño que la realidad. Normal. Se siente más “ella” en los sueños y quiere volver a ellos. Se confunde y piensa que la realidad es un sueño, probablemente una pesadilla en comparación, y quiere volver a su realidad onírica. Solución, la que ya conoce y ha experimentado, la que en su momento le enseñó su marido, suicidarse. Pero claro, suicidándote no te despiertas y de ahí la culpa que arrastra Cobb durante toda la película.

Pobre hombre ¡qué dilema!. ¿Cómo se lo explica a los hijos?. ¿Te imaginas la escena?:

- Chicos, os tengo que contar una cosa, mamá se ha suicidado porque creía que estaba en un sueño y yo le había explicado que suicidarse era la mejor manera de volver a la realidad.

- Pero papá ¿por qué no empleaste la peoncita?, ¿no era para eso?.

Bueno… pues sí, que lleváis toda la película dando la vara con lo del tótem y si ya lo habías empleado antes para demostrarle que era un sueño también lo podías hacer ahora justamente para lo contrario. Bastaba con decirle algo así:

- Espera cariño, no saltes todavía. ¿Dónde tienes la peonza?. Ponla a bailar un momento. ¡Anda! Si se cae. Pues va a ser que esto no es un sueño. ¿No?.

Pero claro, así nos cargamos de golpe todo el tema del componente emocional de la culpa que tiene Cobb y buena parte del argumento de la película. Moraleja: no le cuentes a nadie esto de la peonza, que la mayoría no se dará ni cuenta.



Bueno, el caso es que al final todo termina bien. Cobb es exonerado y puede ir a Estados Unidos a ver a sus hijos, pero… ¿por qué en dos años el abuelo nunca se los llevó, por ejemplo a Japón o a Francia o a cualquiera de los otros sitios por los que iba el padre?. Tan listos, tan listos, pero me parece que en ocasiones en esta familia pensaban bastante poco.

Y hablando de final feliz… ¿es real o es un sueño?, ¿la peonza caerá o seguirá bailando?. Vaya, parece que ahora sí se ha acordado de usar la peonza, a buenas horas y para colmo la escena se corta, los créditos aparecen y no nos dejar ver si cae o no. ¿Estamos ante un final abierto?. ¿Sí?, ¿No?. ¿Tú qué crees?.

Te diré que yo estaba dudando. Por una parte me parece que la peonza iba a caer, con lo que el final sería real. Por otra parte, los niños, a los que por fin se les ve la cara, me parecía que eran los mismos que habían salido durante toda la película. Que no habría pasado el tiempo, con lo que estaríamos ante un recuerdo y por lo tanto ante un final soñado. Pero viendo la ficha de la película te das cuenta que Nolan, muy puntilloso él, ha empleado niños distintos. Los que hacen de Phillipa y James al final son dos años mayores, compruébalo.

Así que el final es cerrado, feliz y real. ¡Qué bonito!.



Antes de terminar quiero comentar que ha sido una muy agradable sorpresa ver a Ellen Page (Ariadna). Esta chica me cae bien desde que la vi en Hard Candy, allí bordó el papel de niña vengativa, aquí no me ha gustado tanto. Me pasa lo mismo que con DiCaprio, que me gustó mucho más en Shutter Island.

Y para finalizar de verdad déjame recordarte que la película nos plantea un dilema moral. Si se alcanzase una tecnología similar a la que nos enseñan, que se alcanzará, y pudiésemos tener una existencia paralela en un mundo imaginado, onírico o virtual… ¿podremos elegir en cuál vivimos?, ¿quién tendrá la posibilidad de decidir si acertamos en nuestra elección?, ¿quién tendrá la autoridad de decirnos que estamos equivocados?. Es más ¿tendremos el derecho de equivocarnos?.

Saludos,




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martes, 6 de abril de 2010

Moon

¿Te conoces a ti mismo?, ¿conoces a los demás?


La ciencia ficción da para todo. Moon aprovecha nuevamente para hacer crítica social y merece la pena verla porque lo hace bien.

Dirigida por Duncan Jones, es la historia de Sam Bell (Sam Rockwell), el encargado del mantenimiento de una estación minera en la Luna. Es el único trabajador de la estación. Las tareas están prácticamente automatizadas. Un ordenador, que interacciona como una especie de robot industrial y que se llama Gerty, se ocupa de casi todo. Sam prácticamente sólo se tiene que ocupar de recoger los contenedores de Helio 3, cuando las máquinas prospectoras automáticas los han llenado, y mandarlos a la Tierra.

Enseguida comprendemos lo que tiene que ser vivir en esas condiciones de aislamiento los tres años que dura su contrato. Máxime cuando el satélite de comunicaciones está averiado y no puede hablar directamente con la Tierra. Las señales de radio tardan un segundo en llegar a la Luna, podrían hablar perfectamente en directo, verse por videoconferencia… pero la avería hace que sólo puedan enviar y recibir grabaciones de audio y vídeo, nunca hablar en directo.



Llegado a este punto tengo que decirte que si no has visto la película y tienes intención de hacerlo, no sigas leyendo, mis comentarios te pueden chafar el final. Si ya la viste y te interesa comentarla, entonces estás en el sitio adecuado.

Quizás por mi tendencia a analizar el lado psicológico de lo que veo, pensé que por ahí iba a ir el argumento. Después de estar tres años solo, hablando con una máquina y recibiendo escasa información del exterior, cualquiera podría enloquecer. Incluso en algunos momentos comprobamos que Sam tiene algunas visiones de tipo alucinatorio.

Pero no, Sam no es esquizofrénico ni parece tener ningún otro trastorno psicótico. La persona que encuentra y que resulta ser él mismo no es ninguna alucinación. Es él mismo de verdad. Así que Sam no enloquece, aunque bien podría hacerlo cuando descubre lo que están haciendo con él.

Sam es un clon, uno de tantos de los que ha habido hasta ahora y de los muchos que están preparados para sucederle en períodos de tres años. Todos haciendo el mismo trabajo, viendo las mismas películas, emocionándose con las mismas grabaciones de su mujer, continuando con la elaboración de la maqueta que, evidentemente, no recuerda haber comenzado.

Pero hay una cosa que llama la atención. Cuando ambos clones se encuentran, se sorprenden, pero no demasiado. Ninguno piensa que se esté volviendo loco e intentan ignorarse, como si pudiesen seguir su vida con normalidad. Sólo poco a poco van aceptando la idea de convivir con un clon y que semejante descubrimiento sólo es el indicio de que hay muchos más secretos por revelar.

A mi juicio ese encuentro, ese descubrimiento, tendría que haber sido mucho más dramático, con un fuerte afloramiento pasional. El expresar sólo resignación y ligero fastidio no hace creíble la situación.

Si quieres ver un ejemplo de lo que digo lee el cuento titulado “Viaje Séptimo”. Lo encontrarás en “Diarios de las estrellas. Viajes”, de Stanislaw Lem, quizás más conocido por ser el autor de “Solaris”. En el cuento del viaje se describe una situación similar a la de Sam pero en clave de humor. No te digo más. Léelo.

Respecto al tema de las emociones, tampoco debemos pasar por alto a Gerty, el ordenador robotizado pero nada humano, que parece salido de la cadena de montaje de una fábrica de coches, pero que demuestra sus emociones mediante unos emoticones como los del Messenger.

Papelón complicado el de Gerty. Es la única compañía de un tripulante que no sabe que es un clon, que ha nacido con una misión determinada y que tiene una fecha de caducidad de tres años. Por algo bastante más simple se volvió loco HAL en 2001 y eso que era mucho más frío.

Gerty es mucho más emotivo. Le hemos visto reír y llorar mediante las caritas de su pantalla. Incluso ayuda a Sam con la contraseña que le dará acceso a la información de sus clones anteriores. Pero en cambio no reacciona ante la injusticia que están cometiendo con él. Para ser una máquina con inteligencia artificial y unos valores morales, por lo menos adquiridos mediante su trato con humanos, no parece que su actuación sea muy coherente.

Tampoco me parece coherente la sumisa actitud de Sam respecto a su aislamiento. Al inicio de la película vemos que le quedan unas semanas para volver a la Tierra. Las comunicaciones están estropeadas pero, por lo que le queda, él puede aguantar. No se preocupa demasiado por el tema y a nosotros no nos extraña su actitud.

Pero luego nos enteramos que las comunicaciones no han funcionado ni funcionarán nunca. El éxito del montaje depende de ello. ¿Cómo puede una persona admitir eso?. Sobre todo cuando le quedan años de trabajo por delante. Sam no es tonto, es un profesional cualificado, en cambio parece admitir esa situación resignadamente.

No es que no me lo crea, es que es inaguantable. Una cosa es estar a millones de kilómetros y que las comunicaciones tarden horas en llegar y otra estar a poco más de un "segundo luz” de la Tierra (384.000 kilómetros) y, por muy en la cara oculta que estés, no poder hablar con tu familia ni tener noticias en directo de los temas que te interesen.

Para más “inri” (ahora que acabamos de pasar la Semana Santa) las películas que ve por su televisor son de los años 70. Si te fijas (y tienes edad suficiente para ello) podrás identificar escenas de “Embrujada” y de “Mary Tyler Moore. La chica de la tele”. ¿De cuándo serían los noticiarios?. Para cortarse las venas, vamos.

Además ¿cómo es que es posible semejante aislamiento?. Están en la cara oculta de la Luna, pero han pasado unos años y la tecnología permite el establecimiento de una base lunar permanente. Lo extraño es que pudiesen estar solos. ¿En la Luna no hay otras expediciones?. ¿El Helio 3 que recogen no le interesa a nadie más?. ¿En la Tierra nadie se pregunta de dónde y cómo viene semejante fuente de energía?. ¿Ya no hay ONGs pro derechos humanos que instiguen a gobiernos y corporaciones?. Vaya ¡eso sí que es ciencia ficción!.



En el aspecto técnico hay varias cuestiones que los guionistas han pasado por alto o son concesiones para el mejor desarrollo y espectacularidad de la película. Por ejemplo, en la Luna hay un sexto de la gravedad de la Tierra. Recordemos a los astronautas del Proyecto Apolo dando botes a cámara lenta o intentando jugar al golf. Sam nos recuerda esas imágenes cuando sale de la base con su traje espacial. ¿Pero dentro de las instalaciones qué pasa?. ¿Cómo se puede duchar, correr por la cinta, pelearse con su clon…?. Comprendo que las escenas serían más tediosas pesando todo seis veces menos, pero es lo que hay.

¿Y qué me dices del ruido?. Desde que el cine es sonoro nadie quiere renunciar a él. Las escenas de batallas espaciales con rayos fáser y torpedos de fotones son impresionantes, pero irreales, aunque nadie concibe una batalla de semejante espectacularidad y en silencio. Siento recordar que en el vacío no se propaga el sonido.

En Moon no hay batallas espaciales pero cometen errores semejantes, por ejemplo cuando vemos imágenes de las cosechadoras levantando nubes de polvo y rocas que luego caen al suelo (empujadas por una gravedad aparentemente terrestre) en medio de un sonoro fragor. O cuando Sam derriba la antena que inhibe las señales de radio, haciendo chocar contra ella su vehículo en medio de chisporroteos y ruidosos chirridos de colisión. Es menos vistoso, pero vuelvo a recordar que en la Luna no hay atmósfera que transmita el sonido.

En fin, parece que pocos se acuerdan de lo que decían en Alien: “En el espacio nadie puede oír tus gritos”.

Y una cosa más para dejar ya el tema científico. Regresar a la Tierra en el vehículo que transporta el helio me parece imposible, aunque lleve traje espacial y se embuta en el aguatado plumífero amarillo. Los tres días de viaje serían incomodísimos pero soportables. Lo que no creo que lo fuesen (soportables) serían las aceleraciones a las que se vería sometido el pasajero en ese vehículo inapropiado, tanto al despegar de la Luna como, sobre todo, al entrar en la atmósfera de la Tierra y en el aterrizaje posterior.

También quería hablar de ciertas similitudes que me vinieron a la memoria cuando vi la película. Ya he comentado el tema de Gerty y HAL en cuanto a su responsabilidad en el desarrollo de la misión y en su trato con los tripulantes.



También hablé de las similitudes (diferencias) de Sam con Ijon Tichy, el del Viaje Séptimo, en el trato con sus otros “yo”.

Ahora quiero comentar la artimaña para deshacerse del cuerpo de los clones al cumplir su misión. Cuando cada Sam espera recibir la recompensa del regreso a casa después de cumplidos los tres años de contrato, se mete en una capsula que lo que hace es eliminarlo antes de la aparición de su nuevo clon.

Esta “recompensa” inesperada me recuerda a la que reciben los habitantes de la ciudad futurista que vemos en “La fuga de Logan”, que a los 21 años realizan una ceremonia de ascensión, que lo que no saben es que implica su muerte.



O también el premio que reciben los afortunados ganadores del sorteo en “La Isla”. Habitantes en un reducto aislado que les mantiene a salvo de la contaminación que impera en el resto del mundo, menos en un idílico paraíso conocido como “La Isla” al que sólo se puede acceder mediante sorteo. En este caso los habitantes de ese recinto también son clones, aunque no lo saben, que están siendo “criados” a la espera de ser utilizados como banco de órganos particular, por las personas que pagaron por ello. Cuando la persona les necesita, el clon gana el concurso y el premio que recibe es la muerte en un quirófano.



Vale, en el mundo de Logan no hay recursos suficientes para mantener una población adulta y se los cargan a los 21 años. En La Isla, la clase más pudiente puede encargar un clon que por ejemplo les facilite un corazón cuando el suyo les falle. Pero en Moon ¿por qué el clon tiene un periodo útil de sólo tres años?, ¿por el desgaste físico?, ¿psicológico?, ¿por ambos?. No lo se.

Y puestos a preguntar ¿qué es lo que ve el primer clon de Sam junto a la cosechadora Mathew momentos antes de su accidente?, ¿era una alucinación o había alguien más?.

Otra cosa, en un momento de la película un clon le dice al otro “Sé que no me matarás, yo no lo haría”. Eso nos indica un fuerte convencimiento moral, pero ¿qué nos dice eso del auténtico Sam Bell?. Sabemos que por lo menos había sido un astronauta, pero ya que se ha empleado su material genético para hacer los clones y las grabaciones de su mujer y su hija para engañarles, ¿él estaba enterado del proyecto?, ¿había consentido esa utilización?, ¿o la compañía Lunar Industries LTD también le ha engañado a él?.

Bueno y hasta aquí mis reflexiones. Ya sabes que a veces me pongo muy puntilloso. Sé que el objetivo de la película es más plantear una crítica social y dar que pensar, que hacer una película purista de ciencia ficción. Por eso los detalles que menciono habrán pasado desapercibidos a la mayoría de los espectadores. Y es más, sé que son perfectamente superfluos para el planteamiento de la trama, pero considero que en un sitio dedicado a la ciencia ficción había que comentarlos.

Por lo demás, como película para reflexionar sobre la bondad o maldad del género humano me parece fenomenal. Su última frase, cuando Sam consigue después de todo llegar a la Tierra y destapar la trama, es digna de enmarcar:

“¿Saben qué? una de dos, o es un chalado o un inmigrante ilegal y en cualquier caso deberían encerrarlo”.

Saludos,



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jueves, 28 de enero de 2010

Distrito 9

Más Sociología - Ficción, o no tan "ficción".


Sorprendente es un buen calificativo para Distrito 9. Pensé que era una película sudafricana y resulta que es neozelandesa. Pensé que sería ciencia ficción y es sociología pura. Pensé que me iba a aburrir y me… sorprendió (vaya, eso ya lo había dicho).

Su director, Neill Blomkamp, nos ofrece una película entretenida que además te hace pensar, pero con un cierto toque de humor y sin melodramatismos melifluos.

La acción podría decirse que transcurre en la actualidad, aunque comienza hace veinte años, cuando una enorme nave espacial se sitúa justo encima de Johannesburgo. Pero no dan señales de vida, nadie sabe a qué han venido.

A los tres meses se deciden a forzar la entrada en la nave y para su sorpresa se encuentran con unos extraños seres, con un aspecto entre insecto y lagarto. Están sucios, desnutridos y si en algún momento han tenido los conocimientos adecuados para construir semejante nave, ahora parecen haberlos olvidado. Son como un millón de parias espaciales incapaces de subsistir por su cuenta y algo hay que hacer con ellos. Urgentemente.




La solución de agruparlos todos en una especie de campo de refugiados en las afueras de la ciudad no parece ser la ideal, pero de momento no había otra.

Ahora han pasado más de veinte años. Los “bichos”, la gente les llama así por razones obvias, son ya casi dos millones que viven hacinados en su ghetto sin que puedan acceder a distintas zonas exclusivas para humanos.

Por su aspecto, sus costumbres y en general su manera de vivir, las relaciones entre las dos especies es muy, muy problemática. La gente no les quiere cerca y clama porque se vayan ¿pero dónde?.

Curiosamente los que parecen más descontentos son personas “de color”, que hasta hace poco sufrían la misma intolerancia en sus propias carnes. De hecho, los carteles que marcan las zonas de exclusión para los alienígenas recuerdan intencionadamente a los que hasta mediados de los 80 marcaban las zonas de exclusión amparadas por las leyes del Apartheid.

El quid de la cuestión se plantea cuando la MNU (Multi National United), una empresa privada encargada de gestionar los asuntos con los alienígenas, asume la tarea de trasladar el asentamiento lejos de Johannesburgo. El responsable es Wikus Van De Merwe (Sharlto Copley), un antihéroe más bien pusilánime al que le viene grande la tarea. Es un hombre de paja designado por la empresa que en el fondo lo que quiere es acceder, con fines evidentemente lucrativos, a las armas que conservan los alienígenas.




Pero Wikus es totalmente ajeno a esas maquinaciones y nos plantea la segregación y el traslado como algo beneficioso para ambas partes. Humanos y alienígenas vivirán mucho más tranquilos sin tener contacto los unos con los otros.

La narración de la historia se realiza en plan documental, intercalando entrevistas con el propio Wikus, que nos presenta una especie de “making off” de los preparativos, junto con declaraciones de personajes relevantes (periodistas, sociólogos, ingenieros, médicos, políticos, policías, personal afectado, etc.) y trailers de diversos boletines de noticias. Todo ello le da un aspecto de credibilidad y veracidad a la historia que hace contrastar la irrealidad física que nos presenta con la realidad moral que nos hace recordar.




Las escenas están rodadas en Tshiawelo, Soweto, de triste memoria para todos los que tenemos una edad. De hecho el propio título de la película evoca los hechos ocurridos durante los años 70 en el Distrito 6 (en este caso de Ciudad del Cabo) cuando más de sesenta mil personas “de color” procedentes de Namibia, Zambia, Botsuana y Zimbabue fueron expulsados porque la zona fue declarada exclusivamente para “blancos”.

También es de destacar la similitud histórica entre las declaraciones de Wikus, cuando afirma que el traslado se hace para beneficiar a todos, con las razones que en su momento sentaron las bases ideológicas del apartheid.

A principios de siglo XX existía un debate entre la minoría blanca, dominante en Sudáfrica, sobre si se debía o no “civilizar” a la población negra del país. Algunos decían que era una tarea imposible porque simplemente su genética no lo permitiría.

Esta justificación racista fue contestada en 1929 por el antropólogo Werner Eiselen que argumentó que la inteligencia no era cuestión de raza y que no había justificación biológica que argumentase que la raza negra no podía ser tan inteligente como la blanca.

Según lo veía Eiselen, el problema debía abordarse desde un aspecto cultural. No se debería intentar hacer de un bantú un buen europeo, sino un buen bantú. Lo contrario sería un ataque contra su cultura. Así pues, supuestamente para preservar los derechos de las poblaciones bantúes, khoisan y demás grupos étnicos que cohabitaban en al región, se estableció un procedimiento de enseñanza separada, segregada (apartheid en afrikáans) que desembocó en uno de los ejemplos de racismo institucional más flagrantes de la historia.

Así que lo que en principio parecía protectora se convirtió en todo lo contrario. Creo que no era eso lo que pretendía Eiselen, pero cuando uno lanza una idea nadie sabe lo que harán los demás con ella.



El apartheid en particular y el racismo en general han dado pie para muchas historias muy conmovedoras. Como no podía ser menos alguna de ellas se enmarca dentro de la ciencia ficción. Imaginar cosas en el futuro proporciona una justificación ideológica: "vale, esto ahora no pasa, ¿pero quién te dice que dentro de unos años, en otras condiciones, no vaya a pasar?".

¿Y si vienen unos alienígenas súper avanzados y en lugar de ayudarnos nos esclavizan? Debieron pensar los guionistas de V e Independence Day.

¿Y si en un momento somos capaces de crear máquinas capaces de pensar y sentir como las personas pero por desconfianza no les damos todos los derechos? Se preguntaron los de El Hombre del Bicentenario, Blade Runner, Yo Robot y A.I.

Y los de la “animada” Planet 51 ¿en qué pensaban?, pues probablemente en algo así como “en el país de los raros el normal es raro”, cosa que de por sí da sentido al mensaje de la película, aunque también podemos encontrar factores añadidos como la implantación de creencias temerosas para justificar las acciones del poder. Hasta las más inocentes películas infantiles dan mucho que pensar y si no que se lo digan a Walt Disney.

Y… bueno, la lista puede ser mucho más larga. Yo a eso le llamo “sociología ficción” y es uno de los subgéneros más productivos e interesantes dentro de la ciencia ficción.

El caso es que películas como Distrito 9 nos pueden servir para reflexionar sobre conceptos como racismo, segregación, estereotipo, prejuicio, etc. Y ver que los mismos se pueden aplicar en entornos mucho más diversos que los que esperamos habitualmente.

Si ya la has visto sabes a lo que me refiero y si no, queda claro que opino que merece la pena verla.

Saludos,



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domingo, 24 de enero de 2010

Gamer - Sociología Ficción

La ciencia ficción sirve para todo. Es un marco en el que podemos tratar desde visiones científicas hasta puros problemas sociales, sin olvidar que es un escenario ideal para películas de acción o terror.

Tanto es así que a veces uno no sabe en qué género encuadrar una película y muchas veces recibe el calificativo de ciencia ficción simplemente porque transcurre en el futuro o salen naves espaciales.

Con Gamer pasa algo parecido. Nos encontramos en una historia que se desarrolla en un futuro cercano pero que nos presenta un tema de actual, las redes sociales y los juegos “on line” basados en entornos virtuales. ¿Has visto “Los Sustitutos”?, pues es algo parecido pero al revés.

En esta historia escrita y dirigida por Mark Neveldine y Brian Taylor en 2009, se nos habla de una compañía (Castle) que dirigida por un joven genio de los negocios, Ken Castle (Michael C. Hall, que probablemente nos suene por haber protagonizado la serie Dexter) tiene ensimismado a todo el público de los medios audiovisuales con un juego de acción que se llama Slayers.

Castle ya había revolucionado a todo el mundo por medio de un juego que se llama Society, curiosamente similar en ética y estética a Second Life, pero con una particularidad, aquí en lugar de tratarse de un entorno virtual se trata de un entorno real.



Los personajes del juego no son muñequitos de dibujos animados, son personas reales que tienen un implante en el cerebro mediante el que son controlados por los jugadores. Es decir, los jugadores pagan por controlar a los personajes del juego y los personajes son actores que cobran por hacer lo que ordena el jugador.

Los personajes de Society se mueven en un entorno claro y limpio, visten de manera un tanto extravagante y se ven obligados a hacer y decir cosas aunque no tengan ganas de ello. El morbo de la situación se incrementa si pensamos que la atractiva chica del juego en realidad es una marioneta cuyos hilos mueve desde su casa un repugnante jugador en paños menores.



Dado que los personajes son humanos de verdad que no tienen otro remedio que hacer los que les mandan los jugadores, vemos que entre ambos se produce una relación amo-esclavo.

Como dice Ken Castle en una entrevista en la televisión: “Vivimos en sociedad, visitamos “Society”, en fin ¿cuál es… cuál es más real… en realidad?, es decir, en realidad ¿cuál es real?, ¿me entendéis?”. Lo que no deja de recordarme los debates que a veces hemos tenido en Second Life sobre la posibilidad o no de separar de la realidad las experiencias del juego. ¿Qué lo que estoy diciendo es una tontería?, pruébalo tú mism@ y hablamos.

Volviendo a la película, respaldado por el éxito y la experiencia de Society, Castle lanza un nuevo juego todavía más impactante: Slayers. Un combate que también se juega on line… pero en el que de nuevo todo es real, los personajes, las armas… y la muerte.



Slayers es un espectáculo mediático, con millones de seguidores en todo el mundo. Como dice la periodista Gina Parker Sminth (Kyra Sedgwick) en la misma entrevista con Castle: “Si Society nos permitía vivir a través de los demás, Slayers nos permite morir a través de los demás”.

Es un juego de guerra en entorno urbano en el que los combatientes son presos condenados a muerte que participan con el aliciente de que si sobreviven treinta partidas quedarán libres.

Vuelven a estar controlados por medio de un implante cerebral por el que reciben órdenes que se ven obligados a cumplir. Los jugadores les controlan cómodamente desde sus casas. Ellos vuelven a ser meras marionetas que se mueven al son del que maneja los hilos. Simples personajes de un juego que morirán si el que los controla lo hace mal.



Pero si los de Society pueden acabar traumatizados por lo que se ven obligados a hacer, los personajes de Slayers lo tienen mucho más crudo. Su sensación de impotencia es mayor aún porque su supervivencia depende totalmente de alguien a quien no conocen y que no siempre les hace realizar las acciones más adecuadas, esto provoca una sensación de indefensión que puede llegar fácilmente a depresión, si no muere antes en el combate claro.

Todo esto, transmitido en directo para todo el mundo, hace de Slayer un espectáculo morbosamente irresistible.

El héroe del momento es Kable (Gerard Butler) un personaje a la vez duro y justo, al que le quedan tres batallas para alcanzar la libertad. Cuanto más sobrevive más popular es el personaje, pero claro, para mayor grandiosidad del espectáculo ha de morir jugando. Así todo está preparado para que también Kable muera. Es sólo un peón y Castle tiene muchos más proyectos para el futuro.

Si has visto la película ya sabes cual es el desarrollo y el final de la historia, si no, lo dejo para que tú misma@ lo descubras.

A mí me ha parecido una película muy interesante, con el punto justo de acción para enmarcar la historia pero sin recrearse en las escenas sangrientas.

Pero lo que más me interesa es el trasfondo sociológico, por una parte la posibilidad de vivir una existencia ficticia a través de Society y por otra el morbo que genera Slayers.

Como ya he dicho, quien conozca Second Life habrá visto enseguida las similitudes que se plantean con Society. Es prácticamente lo mismo pero ahora se nos plantea la posibilidad de utilizar personas reales en nuestro juego. Quitando esa diferencia podemos hacer lo que nos plazca, elegir un personaje de un sexo distinto del nuestro, vestirle como nunca nos vestiríamos nosotros, interactuar como no nos atrevemos a hacer, arriesgarnos como nunca se nos ocurriría en la vida real...



Si en Second Life nos hace gracia ver al personaje que nos representa vestido de esa manera y haciendo todo tipo (todo tipo, repito) de cosas raras, en Society ocurre lo mismo pero con el morbo añadido de que se trata de personas reales, con lo que temas como el exhibicionismo, voyeurismo y cibersexo adquieren otra dimensión, por poner simplemente ejemplos en los que probablemente ya estabas pensando, ¿no?, vaya, voy a ser yo el único pervertido.



Slayers nos plantea otra opción diferente, fundamentalmente por dos aspectos. Primero, tiene lugar en un entorno violento, nuevamente con el aliciente de que es real. Y segundo, aquí la inmensa mayoría de la gente no participa en el juego, sino que actúa de espectadora. Es una mezcla de videojuego, película de acción y reality show en el que el aliciente de cada partida es ver si al final sobrevivirán nuestros personajes favoritos. Si no es así, el hecho de que hayan muerto o no, no parece demasiado importante.

El caso es que este morboso espectáculo ha enganchado a millones de espectadores en todo el mundo, cosa que podría ser absolutamente creíble si tenemos en cuenta la expectación que despierta Gran Hermano en todos los países en que se emite. Si me permites la broma macabra te diré que creo que prefiero Slayers.

No quiero terminar de hablar de esta película sin comentar unas cosas de su banda sonora. La música es de Robb Williamson y de Geoff Zanelli. Acompaña muy bien la acción de la película, pero quiero destacar especialmente dos momentos que me llamaron la atención. En las escenas del inicio suena "Sweet Dreams", pero no en la versión de Eurythmics sino en la de Marilyn Manson, que es más inquietante.

El otro momento es el de la pelea final de Kable con Castle, en el que éste aparece con sus secuaces interpretando una curiosa coreografía de “Under my skin”. Evidentemente ambas canciones están elegidas con total intención.


Bueno y después de los meses de inactividad en este blog, creo que con esto ya es bastante.

Saludos,



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lunes, 13 de abril de 2009

Proyecto Brainstorm

Transmisión de pensamientos

Según una noticia que leemos en el diario El Mundo, científicos japoneses han conseguido una interfaz para transmitir órdenes mentalmente a un dispositivo electrónico, en este caso al conocido robot ASIMO.

En el artículo nos explican que dicha interfaz consiste en un casco que contiene múltiples electrodos y que es capaz de detectar ondas cerebrales y traducirlas a órdenes básicas. Así el robot mueve un brazo o el otro, las dos piernas o la boca, respondiendo a los pensamientos del portador del casco.

Los resultados parecen muy simples (podemos ver más información en este video) pero no cabe duda de que es el inicio de algo que pronto nos sorprenderá y podremos volver a decir eso de “A veces la realidad supera a la ficción”.

A mí la noticia me recordó una película que vi hace tiempo, “Proyecto Brainstorm” se llama y puede ser uno de esos muchos ejemplos de buena idea, mal llevada a la pantalla.

Se basa en una historia de Bruce Joel Rubin y en su argumento, unos científicos logran poner a punto un dispositivo, bastante semejante en apariencia, al de los japoneses, pero que en esta ocasión consigue grabar perfectamente lo que se piensa y se siente cuando se está haciendo algo. Luego, otra persona que usase el dispositivo podría ver y experimentar las mismas sensaciones del que las grabó, en una especie de realidad virtual que no se diferenciaría en nada de una experiencia que hubiésemos vivido nosotros mismos.




Trailer de Proyecto Brainstorm in english

Interesante ¿verdad?. Cuando la vi, allá por los años 80, me llamó la atención eso de grabar las experiencias de una persona para que luego las pueda experimentar otra. Las posibles aplicaciones son muchísimas en cualquier campo. Tanto profesionalmente como en el mundo del ocio. ¿Cuántas veces nos ha pasado eso de no saber decir con palabras lo que sentimos?. Pues ya no habría problemas, lo grabas y se lo pasas a la otra persona.

Aunque no todas las aplicaciones serían tan románticas. En la misma película uno hace un bucle de la grabación de un orgasmo y por poco se muere cuando llevaba horas experimentándolo. Es que no estamos preparados para semejantes adelantos.

De todas maneras, el momento álgido de la película ocurre cuando una de las investigadoras sufre un ataque y antes de morir se pone el artefacto para que quede todo grabado. Dejar semejante testimonio sería una contribución mayor incluso que el propio invento sobre el que trabajan.

A mí por lo menos es algo que me plantea bastante curiosidad, incluso las escenas de la película me recuerdan un cuento que escribí al respecto hace unos cuantos años y que si te apetece puedes leer aquí.

Resumiendo, que todavía estamos bastante lejos de conseguir semejantes logros. Aunque la noticia de El Mundo es esperanzadora y confiamos en no caer en los tópicos de la película, durante bastante tiempo podremos hablar de transmisión de pensamientos y nos estaremos refiriendo a parapsicología o a ciencia ficción.

Saludos,

lunes, 6 de abril de 2009

A veces la realidad supera a la ficción

Una droga para borrar malos recuerdos

Mi hijo es la única persona que conozco que sé que se alegró cuando supo que la caída de las Torres Gemelas de Nueva York fue debida a un atentado terrorista. Él entonces era un niño y el día anterior habíamos estado viendo “Independence Day” (ya sé lo que me vas a decir, pero aunque esté cargado de tópicos a mí me parece muy entretenido). El caso es que el chaval se quedó impresionado con las imágenes de destrucción y al día siguiente, cuando me vio estupefacto contemplando las noticias, no sabía si también se trataba de otra película.




Trailer de Independence Day


Apesadumbrado, intenté sacarle de su error de una manera suave. “A veces la realidad supera a la ficción” le dije. Ahora comprendo que fue un error, pero entonces me pareció una buena manera para comenzar a explicarle el malvado acto.

Pero su mente, bastante más rápida que mis palabras, inmediatamente las interpretó en el sentido de que los causantes de semejante desastre habían sido también extraterrestres. Muy humanos desde luego no eran, pero puestos a elegir, mi hijo se sintió aliviado al descubrir que los agresores no habían sido los temibles alienígenas de la película del día anterior.




Imágenes de un videoaficionado


No tiene nada que ver, pero todo esto viene a cuento de que me acabo de dar cuenta que empleo mucho la frasecita del título, pero es que es verdad y como decía David Norton en “La caja Kovak”, escribir ciencia ficción cada día es más difícil, porque a veces la realidad supera, o por lo menos alcanza, lo que hace poco estaba en los límites de la imaginación.

Un artículo del diario ABC anuncia que se han obtenido los primeros resultados en un compuesto para borrar la memoria, bueno el titular habla de borrar malos recuerdos, pero en las pruebas hechas con animales de laboratorio parece que se borran los recuerdos en general. De momento, parece que el borrar partes de la memoria de manera selectiva y en humanos sí que está solo al alcance de la ciencia ficción. Y aún así, parece que las consecuencias del proceso no son demasiado claras. Recordad la historia de Paycheck o las intervenciones de “El Haitiano” en “Héroes”. Perder la memoria es un verdadero problemón.

Pero si tal cosa se lograse, que se hará, se nos plantearía el dilema moral de su utilización. Si aprendemos a base de comprobar que unas acciones tienen consecuencias positivas y otras negativas ¿sería útil olvidar las malas experiencias?, ¿nos evitaría un trauma o haría que volviésemos a repetir errores cometidos?, ¿seríamos mejores?, ¿más felices?... La lista de preguntas que se me ocurren se me antoja interminable.

Quizás sería más útil concentrar los esfuerzos en la investigación para tratar de recuperar los recuerdos olvidados ¿no os parece?.

Saludos,

lunes, 23 de marzo de 2009

La caja Kovak

Control mental, control social

Hace poco, en la Lista Hal 9000 se hablaba de una película sobre una ola de suicidios. Yo no sabía cuál era pero resultó tratarse de "El incidente". A raíz de eso la vi y me pareció un planteamiento interesante, aunque más moralista que científico.



Trailer de "El incidente"

Pero al verla me acordé de otra película unos años más antigua que también tenía un comienzo similar. Se titula "La caja Kovak", la protagoniza Timothy Hutton, está dirigida por el mallorquín Daniel Monzón y la acción transcurre íntegramente en su isla, que es también donde vivo yo. Total, que después de ver “El incidente” acabé volviendo a ver “La caja Kovak”, que además tiene el aliciente de ir reconociendo los escenarios de la acción.



Trailer de "La caja Kovak"


La película comienza igualmente con una ola de suicidios que afecta incluso a la novia del protagonista, David Norton, un escritor de ciencia ficción que ha venido a Mallorca a dar una conferencia sobre sus libros. Los que vivimos en sitios tranquilos no estamos acostumbrados a que las calles y paisajes que recorremos habitualmente salgan en la gran pantalla, aunque eso sí, la mezcla de lugares te hace volver loco. Si no lo conoces te da igual, pero si sabes dónde está cada sitio, te hace gracia que los unan o los separen según convenga al guión.

Me pareció un interesante thriller de ciencia ficción, pero de esa ciencia ficción que le falta poco para ser realidad, para dejar de ser ficción. Como dice el escritor en su conferencia En un mundo en el que los científicos compiten por dar a luz el primer clon humano y poblaciones enteras pueden ser aniquiladas sin dañar un solo ladrillo, la cuestión es ¿se puede seguir escribiendo ciencia ficción?. Porque la realidad comienza a parecerse cada vez más a una increíble trama surgida del retorcido cerebro de alguno de mis colegas, que está dispuesto por lo que se ve, a dejarnos a los demás sin trabajo.”

Se nos plantea una inquietante situación el en la que un magnate, en realidad un científico loco, quiere obligar a David a que escriba una historia basada en su primera novela, en la que se había conseguido un sistema para eliminar a alos disidentes, ahciéndose que ellos mismos se suicidasen. Sabiendo el terrible fin que les esperaba, pocos se atreverían a disentir.

Kovak se obsesionó con las posibilidades de la idea y estuvo trabajando para hacerla realidad. Desafortunadamente para él no le hicieron mucho caso, pero ahora sabe que puede conseguirlo, sobre todo si cuenta con la ayuda mediática del autor. Por eso quiere que escriba una nueva historia, esta vez basándose en los documentos que le aporta en una misteriosa caja. Con todo ello demostrá al mundo lo que puede conseguir.



Comentario de "La caja Kovak" en el programa "Días de cine"


Para convencer a David le amenaza con seguir provocando misteriosos suicidios en cadena. El desencadenante de tal conducta parece ser una canción. Determinadas personas, a las que se realizó un sencillo implante sin que lo supiesen, se suicidan irremediablemente al escuchar “Gloomy Sunday”. Sobre esta canción circula realmente una leyenda urbana. En verdad se dice de ella que ha provocado cientos suicidios, incluso el de su autor, el húngaro Rezso Seress.

Por si tenéis curiosidad, aquí os pongo un video clip del tema, interpretado por Lucía Jiménez, la protagonista femenina de la película. Yo no creo en este tipo de leyendas, pero si tú eres de los que conoce a alguien que un día se encontró con la chica de la curva, no lo veas, que no quiero ser responsable de lo que te pueda ocurrir.


El desenlace de la historia no lo cuento. Descúbrelo tú si es que aún no has visto la película. Sólo te diré que a mí el argumento me recordó a las novelas de John Katzenbach, en las que se plantea una situación opresiva y aparentemente sin salida, en la que el protagonista es movido por los hilos de la trama que le han preparado, sin que pueda hacer nada para evitarlo. Hasta que al final consigue recuperar el control de los acontecimientos y vengarse del opresor, aunque no es exactamente eso lo que ocurre aquí.

Saludos y ¡Feliz primavera!.

viernes, 20 de marzo de 2009

Paycheck

Saber que algo va a pasar...
¿nos puede ayudar a evitarlo o nos lleva a ello con más fuerza?.



Tenía Paycheck en mi pila de películas pendientes de ver, que es casi tan grande como mi pila de libros pendientes de leer, pero no tan preocupante. Evidentemente se tarda menos en ver una película que en leer un libro.

Bien, no recordaba de qué iba, ya sabéis que a veces lo prefiero, así empiezo a verla sin ideas preconcebidas, pero el caso es que había llegado el tiempo de comprobar por qué esta película estaba en el montón.

Michael Jennings (Ben Affleck), un ingeniero informático brillante realiza trabajos por encargo para distintas empresas, pero le ponen una condición, después de acabar y como medida de seguridad le borran la memoria del tiempo ha tardado en hacerlo, normalmente dos meses, pues más sería peligroso.

Un día un Rethrick (Aaron Eckhart), un amigo suyo, le propone algo más ambicioso. Le darán un cheque de un mínimo de ocho cifras, en dólares, por la realización de un trabajo durante tres años. Jennings se muestra reticente, pero al enterarse de que Rachel (Uma Thurman), una chica que le ha interesado mucho, trabaja también para
Rethrick, accede a las condiciones que se le ofrecen, incluido el novedoso método de borrado de memoria que por primera vez abarcará esos tres años.

Cuando el informático “despierta” de su productivo letargo descubre que ha renunciado a su paga de noventa millones de dólares a cambio de una absurda lista de efectos personales, que para colmo asegura que no son suyos. No sabe por qué lo ha hecho, pero también descubre que está acusado de traición y que le persigue el FBI. No sabe en qué ha estado trabajando estos años y los que podrían explicárselo no dan la cara. Decide huir y se da cuenta que esos curiosos efectos personales son algo que él se ha dejado para que le sirva de ayuda y cada uno tendrá su utilidad en el momento preciso. Jennings acaba de descubrir que su trabajo le permitía ver el futuro y quizás eso le ayude a salir del lío en el que está metido, aunque ahora no sabe cómo.


Trailer de Paycheck in English


Bien, este es el argumento que más o menos nos cuentan en el trailer y no te voy a contar nada más por si también quieres ver tú la película.

La historia me recordó bastante a “Desafío Total” y luego me enteré que también está basada en una historia de Philip K. Dick, la homónima “Paycheck (La Paga)”, que no he leído, pero que me da la impresión que tendrá poco que ver con la adaptación cinematográfica, como las anteriores que conozco del mismo autor, Blade Runner incluida.

Con esta base y con un director con experiencia en este género como es John Woo, no me sorprende que le haya salido una película entretenida y a mi juicio bastante recomendable. El argumento, aunque se te hace conocido, es interesante y ameno. Tiene buenos efectos especiales, aunque no son lo fundamental en la película. Y también bastante acción, aunque no tanta como si la hubiese protagonizado Schwarzenegger.

Quitando las escenas de acción, que no sé si están en la historia original, me interesaron dos aspectos. Uno que quizás pase un tanto desapercibido en medio de la parafernalia tecnológica. Me refiero al mecanismo de borrar los recuerdos, localizando los enlaces neuronales adecuados y destruyéndolos. Imagino que el sistema conllevará un cierto desgaste físico y que no podrá repetirse demasiadas veces, aunque eso no lo comentan.



La otra cuestión es la posibilidad de intervenir en el presente para alterar el futuro. Este aspecto, como los que implican viajes en el tiempo, te deja pensando en si la historia cuadra del todo o no. “¿Si sabía lo que iba a pasar por qué hizo esto y no lo otro?” y cosas parecidas. En principio no encontré ninguna incoherencia, pero es cuestión de seguir buscando.

Lo que sí me sorprendió sin embargo fue comprobar que la película por lo general ha tenido críticas bastante malas. Sinceramente creo que no es para tanto y tengo la impresión de que estas críticas proceden de gente que no le gusta la ciencia ficción o que no se para a pensar en la posibilidad científica del argumento.

Siempre he dicho que una historia no es ciencia ficción por transcurrir en el futuro o por haber viajes espaciales en ella. Para mí ciencia ficción es algo que implica imaginar una posibilidad científica, inviable actualmente pero que tenga visos de realidad en un futuro más o menos próximo. Así 2001, Stargate, 12 monos, Blade Runner o Matrix entre otras, son estupendas películas de ciencia ficción. Y otras que pasan por serlo, según mi opinión no lo son. La Guerra de las Galaxias es una historia de piratas en la que se cambian el mar y los barcos a vela por el espacio y las naves (las espadas continúan). Alien es una película de terror en la que la bestia en lugar de ir eliminando a los habitantes de un castillo tenebroso, se va cargando a los tripulantes de una nave espacial, igualmente tenebrosa. Son dos ejemplos de películas que me encantan pero que me resisto a calificar de ciencia ficción.

Paycheck es una película bastante menos pretenciosa, pero sí es de ciencia ficción. Quizás se hubiese podido hacer mejor, pero pasas un rato agradable y te proporciona el pequeño placer de ir adivinando a tiempo para qué sirve cada objeto y qué pasará a continuación, que también es divertido ¿no?.

Saludos,



jueves, 22 de enero de 2009

La memoria de los muertos (funerales multimedia)

Son curiosos los ritos que realizamos a lo largo de nuestra vida. Estamos tan acostumbrados a ellos que a veces se nos pasa por alto su significado. La acogida del recien nacido por el grupo, el paso a la pubertad, la fundación de una familia, la toma de posesión de un cargo o la misma muerte de un sujeto son eventos que han sido ritualizados y en muchas ocasiones, por su importancia, sacralizados.

Todo esto me vino a la mente el otro día, viendo "La memoria de los muertos", una película entretenida, protagonizada por un preocupado Robin Williams, aunque su actitud es normal teniendo en cuenta que interpreta a un "montador" un tanto tétrico.

En la sociedad que se nos presenta existe la posibilidad de insertar en el feto un artilugio biológico que recibe el nombre de "Implante Zoe". Este caro artefacto, que está sólo al alcance de los más pudientes, graba todo lo que el individuo ve y oye durante su vida, incluso lo que sueña. A su muerte, se puede extraer y volcar todos sus recuerdos en un ordenador. Con ello, el montador preparará un "rememorial", una especie de funeral multimedia en el que los allegados pueden recordar al difunto viendo los segmentos más representativos de su vida tal y como él los vivió, bueno, mejor dicho, tal y como el montador los quiso representar.


Los montadores tienen esa capacidad, ellos tienen la vida de la persona en sus manos y eligiendo las imágenes adecuadas pueden hacer que cualquier villano se convierta en una excelente persona. Pero no es fácil que el resultado parezca creíble. Tienes que ser un buen montador y Alan (Robin Williams) lo es. Eligiendo las imágenes adecuadas es capaz de perdonar los pecados de sus "clientes". Esta habilidad le ha dado fama, pero ha hecho de él una persona retraída y distante que intenta de esta manera reparar su propia culpa, algo que le atormenta desde la infancia.

No te cuento más, por si aún no la has visto. Si es así, te recomiedo que la veas. Es interesante, está bien resuelta y da qué pensar. ¿Cómo afecta el que se pueda grabar toda la vida de alguien al derecho a la privacidad de las personas que se relacionan con él?, ¿tendrá alguno de mis amigos o conocidos el implante?, ¿lo tendré yo?, ¿me estarán grabando?, ¿tendré que portarme siempre bien por si salgo en la vida de alguien?. Uffffffff ¡que mareo!.

La historia del montador me recordó al personaje de Ender, el portavoz de los muertos en la novela de Orson Scott Card "La Voz de los Muertos". Los portavoces son una especie de sacerdotes laicos. Al margen de dioses, sólo les mueve la ética. Cuando alguien muere y solicitan sus servicios, ellos investigan sobre la vida del difunto y hablan en su funeral intentando comprender, y que los otros comprendan, por qué la persona actuó de una u otra manera.

Al gual que Alan, Ender también tiene una culpa que expiar. Se considera el responsable de la destrucción de una raza alienígena, los insectores, y haciendo que se perdonen las culpas de los demás también se perdona la suya. Curiosa similitud la de las dos historias ¿verdad?.

Esto es todo. Si quieres que te avisen cuando emitan "La memoria de los muertos" por televisión pulsa este enlace. Y si aún no has leído la saga de Ender, he de decirte que las dos primeras novelas (El juego de Ender y La voz de los muertos) son excepcionales. Las otras me gustaron menos, pero es sólo mi opinión personal.

Saludos.

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